Británico de nacimiento, pero español de adopción (vive actualmente en Madrid), Matt Elliott se dejó caer por Zaragoza (una vez más gracias a La Lata de Bombillas) el pasado viernes 20 de marzo para presentar su cd “Howling songs”, ultimo capítulo de una trilogía iniciada con “Drinking songs” y  continuada con “Failing songs”. Poco después de las 10 de la noche apareció Elliott en el escenario armado con una guitarra acústica, otra eléctrica, otros instrumentos como una melódica y una flauta, una grabadora y una impresionante colección de pedales.

Había curiosidad por ver como podría recrear en solitario las densas canciones de bebedores, fracasados y aulladores que componen dicha trilogía. Desde el primer momento nos dio la respuesta. Mientras desgranaba sus ¿canciones? ¿letanías? ¿oraciones? con su guitarra iba grabando su propia actuación. Acto seguido reproducía esos sonidos, juntamente con otros pregrabados, sobre su voz y guitarra en directo, dando como resultado varias capas de sonido superpuestas que producían un efecto apocalíptico. Personalmente, hacía mucho tiempo que un concierto no me gustaba tanto produciéndome a la vez tanto desasosiego como el del señor Elliott.

Para describir la música de Matt Elliott se ha hablado de folk terminal o de influencias de la música de Europa del Este. Podríamos hablar también del blues del siglo XXI, o simplemente, de la música que hacen las cosas cuando se derrumban, de la música que precederá al definitivo silencio…

Porque mientras Matt canta, el barco se está hundiendo. Mientras yo escribo y tú lees el barco se está hundiendo. El barco se está hundiendo, y Matt lo sabe, y como la orquesta del Titanic, seguirá tocando hasta que las aguas lo cubran todo…

Juanjo Errea