Fuente: Cartas al cielo. http://cartasalcielo.lacotorra.org

Al llegar a La Lata de Bombillas, un papel en la puerta avisaba de que por expreso deseo de Mark Kozelek se rogaba a los espectadores que no fumaran, ni grabaran el concierto, ni hicieran fotos, ni fueran al servicio (para los que no conozcais el bar, están situados al lado del escenario) durante la actuación. Más de uno pensamos que la fama de huraño del señor Kozelek estaba más que justificada, y lo que ocurrió después así lo probaría.

Las primeras palabras de Kozelek al salir al diminuto escenario fueron acerca de lo pequeño que era el local, y de que por favor no le tocaran…Durante el concierto esa cercanía del público fue lo que probablemente hizo que se mostrara bastante nervioso durante las pausas entre canciones; y que diese muestras de un sentido del humor bastante extraño al lamentar varias veces la gran mayoría de público masculino en las cercanías del escenario, y al pedir a una pareja situada en la primera fila que cambiaran sus posiciones para que la chica estuviera delante de el y en sus palabras “le diera más inspiración”.

Por lo que se refiere a lo estrictamente musical, el concierto sólo puede ser calificado como extraordinario. Durante hora y media, en medio de un silencio sepulcral por parte del público (con alguna lamentable excepción que nunca falta en estos conciertos) Kozelek nos transportó a los paisajes de la America más profunda y desolada con sólo su guitarra acústica y su portentosa voz. En este tiempo repasó buena parte de su repertorio, con especial énfasis en sus discos con su nuevo grupo Sun Kil Moon, aunque también sonaron curiosas versiones como las del tema de Bonnie Prince Billy “New Partner” o el “I am a rock” de Simon & Garfunkel, ambas llevadas totalmente a su territorio.

Un personaje peculiar, y un enorme artista, este es Mark Kozelek, y gracias a la Lata de Bombillas unos cuantos afortunados tuvimos la ocasión de disfrutarlo. Esperemos que podamos seguir disfrutando en el futuro de más conciertos como este.

Juanjo Errea.